Final feliz para la semana horribilis de Enrique Bunbury. Y eso que las perspectivas no podían ser más desalentadoras. El lanzamiento de su nuevo disco Hellville de luxe le ha puesto contra las cuerdas: entrevistas polémicas, ruedas de prensa canceladas y reiteradas acusaciones de plagio. Lo que podía haber dado pie a un debate serio sobre el apropiacionismo como legítima (o no) expresión artística, ha adquirido tintes mediáticos propios del caso Ana Rosa. ¡Cuando hasta su propio apellido artístico era ya una cita a Oscar Wilde!
A perro flaco todo son pulgas. Acostumbrado a llenar anticipadamente recintos medianos, por primera vez se atrevía en Barcelona con un gran aforo. Sin embargo, minutos antes de empezar, el Palau Sant Jordi seguía muy lejos de llenarse. Ni con el formato reducido se disimulaban los desoladores claros. Uno no sabe lo que le pasaría por la cabeza cuando al principio, antes incluso de haber dicho nada al público, cantó su nuevo single Hay muy poca gente. Pero lo que a otros les desanima, a este obstinado zaragozano parece estimularle, y ofreció el mejor concierto que haya dado por estas latitudes desde la época de Flamingos; disco del que, por cierto, más canciones rescató. Cantó piezas de todos sus trabajos como solista (excepto el primero) sin ninguna mención al repertorio de Héroes del Silencio (lo más parecido, su versión de Apuesta por el rock'n'roll).
CAPRICHOS DEL DESTINO
Bunbury inicia etapa con nueva y enérgica banda, un quinteto con las guitarras del veterano Jordi Mena y el mucho más joven Álvaro Suite (líder del prometedor grupo Suite). "A los que no les guste el rock'n'roll esto les va a doler", dijo al presentar la certera Bujías para el dolor. Y como por capricho del destino, su gira (y disco) más rockeros desde los viejos tiempos heroicos coinciden con esta caída en desgracia mediática tras muchos años de unánime respeto.
Crecido ante la adversidad, Bunbury responde con su arma más poderosa: el directo. Habrá recintos que le queden grandes, pero los escenarios, por enormes que sean, le quedan siempre pequeños. Dos horas y cuarto trepidantes, divididas en tres bloques (el del medio, más cabaretero). Y cuando parecía cerrar los bises con El viento a favor convertida en metáfora de su actual situación, regresó para dar lo mejor de sí en un nuevo y extenso bis improvisado. Absolutamente magistral.
* Gracias a starfuckers por el aporte

