Decidí ir lo antes que pude hacia Madrid, ya que al ver en las noticias que el centro estaba abarrotado de gente, y no se equivocaron, enseguida marche, intentando aparcar lo más cerca posible, pero claro, como imaginaba, era prácticamente imposible, así que para tardar menos en estar por allí, decidí ir a lo seguro. Paseito de Colon a Sol, gracias a que hacía buena tarde…
Una vez llegado allí, sobre las 16:30 h. Comencé a ver caras conocidas y no tuve más remedio que comenzar a saludar a todos los que conocía gracias a este y otros foros, pero que en otras ocasiones, por unas cosas y por otras, fue imposible saludar. Como dije antes, un placer haberos conocido a todos. Me hubiera gustado charlar más con cada uno de vosotros, pero no había tiempo para mucho más, y entre eso y los nervios de de la espera, pues se me hizo corta toda conversación. A medida que pasaban las horas, llegaba más y más gente. Espera que se nos hizo más corta gracias, a parte de las conversaciones con unos y otros, a un pasacalles de grupos que iban amenizando su pasada con melodías navideñas, pero instrumentados con todo tipo de utensilios de lo más rústico, con alguno de ellos yo me quedé perplejo, pero claro no podían faltar las botellas de anís. Después de esto, llegó el lío de las puertas, de la gente que se acoplaba al principio de la fila. En primer lugar, el tema de las puertas, no se como desde la sala, viendo que había gente esperando, no dijeron desde mucho antes que sólo se iba a entrar por una de las puertas. Seguro que de haberlo avisado antes, la gente que llevaba allí tantas horas, se habrían puesto de acuerdo tranquilamente, y sin tener que montar el follón que montaron los porteros. Bueno, que las dichosas vallitas, también las podrían haber puesto mucho antes. Menos mal, que al final la idea de mover la fila de un lado a otro, se quedó ahí, en una idea, si no… Un borrón este, que al final fue menos de lo que podía haber sido.
Especial mención a la presentación de Ramón, yo también me quito el sobrero ante él y ante todos. Del resto del concierto, pues me vienen imágenes, momentos, caras emocionadas de los fans durante algunos temas como “El anzuelo” o la cara también emocionada del propio Enrique al mencionar a Nacho Vegas. En fin, como decía al principio inolvidable, especial, grande pero sobre todo emocionante, muy emocionante por todos los aspectos que en el interior de la sala se fundieron. Por todo ello, GRACIAS Enrique Bunbury por tú música, tu entrega en todos y cada uno de los conciertos, tu espectáculo pero, sobre todo, gracias por este regalo que no olvidaré jamás.
No quiero despedirme sin antes mencionar, como no, a las personas que con su trabajo han hecho posible que muchos de nosotros tuviéramos entrada para un día tan especial. A los que conozco, ahora si puedo decirlo, Jesualdo y Juan (bunburyclub), Paula y Chato (bunburydad), Kara (que tan buen trabajo ha hecho también), a los chicos de siemprehds, que también han hecho lo suyo. Y, de nuevo, a todos y cada uno de los que conocí el sábado y a los que no, también. Todo esto hizo que fuera “una tarde-noche, inolvidable”.
Una crónica de Duende en Arganda.
Fotografías: phandora
SI "EL EXTASIS"

